Editorial: La Estafa de la Responsabilidad

Seguramente ayer, cuando llegaron a sus casas después de una jornada de trabajo de esas que te dejan la espalda molida, prendieron la tele. Y ahí, en medio del informativo, mientras cenaban un guiso o unos fideos, apareció de nuevo: ese spot de UNICEF o de alguna otra organización internacional. Imágenes desgarradoras de niños en África, moscas, polvo, sed. Y una voz, con tono de ruego, pidiéndoles a ustedes —sí, a ustedes que están sacando cuentas para pagar la luz— que donen 500 pesos por mes para llevar agua a un continente olvidado.

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Y uno, que es solidario por naturaleza, siente esa puntada en el pecho. Siente la culpa de tener un vaso de agua sobre la mesa mientras otros mueren de sed. Pero hoy, en este programa, vamos a ponerle números a esa culpa. Porque el periodismo, si no sirve para desarmar la mentira, no sirve para nada.

¿Saben cuánto cuesta erradicar el hambre y garantizar agua potable en toda África? Unos 90.000 millones de dólares al año. Una cifra que parece una locura. Pero miren hacia arriba: los diez hombres más ricos del mundo —los Musk, los Bezos, los Zuckerberg— tienen una fortuna de un billón y medio de dólares.

Hicimos la cuenta en la redacción de EL ECO: si esos diez tipos, que ganan dinero mientras duermen, destinaran el 6% de su fortuna por una sola vez, se acabaría el hambre y la sed en África mañana mismo. Repito: el 6%. Lo que ellos gastan en un capricho, en un yate o en un viaje al espacio.

Pero el sistema no les pide a ellos. El sistema les pide a ustedes. Siempre cargando la responsabilidad sobre el pueblo trabajador.

Y eso nos lleva a lo que pasa acá, en nuestra vereda, en Colonia. Porque la lógica es la misma. Le pedimos ética al vecino que tiene que dormir y aguantar el ruido de un camión frigorífico toda la noche; le pedimos al pescador de la costa que se mueva porque molesta al dueño de una chacra marítima; le pedimos al laburante que respete el contrato social. Pero, ¿quién le pide cuentas a los de arriba?

¿Porque no van y buscan el dinero en el lugar donde está el dinero, a los que lo tienen? Volviendo a nuestra comarca ¿Quién le pide cuentas al desarrollador que debe 2 millones de dólares de contribución y se los perdonan sin multas ni recargos? ¿Quién controla al que alambra la playa pública y te pone un cartel de «propiedad privada» en la arena que es de todos?

El contrato social está roto, pero no se rompió por culpa del vecino que desparrama la basura. Se rompe desde arriba, cuando la ley se vuelve blanda para el poderoso y un yugo cada vez más difícil de cargar, para el humilde trabajador. Nos quieren hacer creer que la solución a los problemas del mundo —y de este departamento— depende de nuestra caridad y de nuestro silencio.

Entonces tenemos que animarnos a hablar de los pescadores que quieren desalojar después de 60 años. Debemos hablar de la desocupación en Colonia que ya roza los dos dígitos. Y debemos hablar de cómo nos quieren privatizar hasta el horizonte.

No se deje engañar. La solidaridad es un valor, pero que no la usen como anestesia para que no veamos la injusticia. Saquen su silla, preparen el mate, y no se muevan de la costa, porque la playa es suya. Y si quieren erradicar el hambre en Afíca, vayan a pedirlel el 6 por ciento de su fortuna a los que tienen el dinero que se necesita.

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