Los socios civiles de la dictadura en Carmelo

Atardecer en Carmelo. Foto: GM

Carmelo tuvo muchos detenidos, muchos proscritos y muchos destituidos durante la dictadura cívico militar porque tuvo muchos delatores. Dicho en otras palabras, hubo muchos civiles que trabajaron voluntariamente y con entusiasmo, para el régimen militar.

La historia y las investigaciones realizadas en estos años, han demostrado que el régimen de terror que se apoderó de la conducción del país con el apoyo de Estados Unidos en junio de 1973, no fue sólo una movida militar para hacerse del poder político, sino que incluyó un plan de exterminio de las ideas y militantes  progresistas surgidas al calor de la protesta social de los sectores populares,  y  un plan de ajuste económico en beneficio de las clases altas y en desmedro del trabajador.

Para ello encarcelaron opositores, pero también les robaron y saquearon sus viviendas, su dinero y sus pertenencias, como bien lo demostró un estudio de tres jóvenes periodistas recién recibidos, hace meses atrás.

Pero también es cierto que para que todo esto fuera posible, hubo muchos civiles que colaboraron con los militares, la mayoría poque en esa lógica de buenos y malos, entendieron que los militares eran los buenos peleando contra los “comunistas” que eran los malos. Allí cayeron todos los que ideológicamente estaban del centro a la izquierda, es decir, en el Partido Nacional “del wilsonismo para allá” y todo el Frente Amplio. 

No hubo muchos destituidos ni perseguidos colorados, salvo casos especiales, porque el coloradismo, al igual que el herrerismo y todo el espectro de la derecha nacional de aquel momento, fueron colaboradores del régimen militar. Por eso cuando hay que referirse a la dictadura entre 1972 y 1984 hay que denominarla dictadura cívico-militar, porque el aparato armado de los militares usó, para mantenerse en el poder, una vasta red de civiles que apoyaron fervientemente la represión y persecución de los ciudadanos, muchas veces vecinos y familiares, de pensamiento progresista.

En ese marco, el 9 de septiembre de 1971 el Poder Ejecutivo encabezado por Juan María Bordaberry desplaza a la policía y le da todo el poder de represión al Ejército, que comienza una escalada de toma del poder que lo llevaría a quedarse con la conducción del país dos años después.

En lo que tiene que ver con la sociedad que acompañó y aplaudió esa movida de apropiación del poder por parte de los militares, la Juventud Uruguaya de Pie (JUP) a nivel nacional  y el Movimiento de Reafirmación Democrática a nivel  local eran claramente dos movimientos de apoyo al gobierno cívico militar. 

Por su parte, a nivel de la enseñanza con el mismo propósito crearon un movimiento de padres y otro de docentes también de claro apoyo al régimen y que en los hechos excluía a aquellos que después recibían las calificaciones de categoría b y c que los inhabilita a la función pública y  o docente.

Carmelo fue una ciudad que tuvo cientos de detenidos y proscritos durante la dictadura cívico-militar. Muchos carmelitanos fueron catalogados como clase “C”  que se los señalaba como adheridos o simpatizantes del Frente Amplio, “B” si eran blancos con tendencia hacia el centro izquierda del espectro político  y “A” porque eran demócratas, fundamentalmente adherentes del Partido Colorado que apoyaban el régimen.

Había que acceder a un certificado de Fé Democrática en aquellos años, que era estudiado y concedido tras estudios de la persona por parte de los militares en los cuarteles.

No sólo fueron encarcelados, muchos uruguayos fueron despedidos de su empleo público, otros fueron postergados en su carrera funcional y otros vivían con miedo de ser despedidos.

Eran épocas de terror y muchos quedaron sin trabajo y tuvieron que emigrar.

Dicho período estuvo marcado por la disolución del Parlamento, la prohibición de los partidos políticos, la ilegalización de los sindicatos, de los medios de prensa y la persecución y encarcelamiento de opositores al régimen.

Se venía la elección del 28 de noviembre de 1971 en un país políticamente convulsionado. En ese marco, Bordaberry, quién luego sería el entregador oficial del sistema democrático, esto es el padre de Pedro,  aparecía como delfín de Pacheco Areco que no podía volver a ser candidato. En el Partido Nacional la fórmula de Wilson Ferreira y Carlos Julio Pereyra se volvía la que posiblemente ganara la elección y por otra parte, la unificación de la izquierda en el Frente Amplio traía un aire nuevo.

Ahora se sabe por la desclasificación de documentos secretos de la Embajada norteamericana, que hubo injerencia de la diplomacia de ese país y de Brasil, para fraguar la elección y que no ganara Wilson.

Entre 1970 y 1974 los civiles que apoyaban la lógica militar y anticomunista que imperaba en esas épocas, habían conformado diversas agrupaciones, muchas de ellas que participaron de hechos de violencia y asesinatos.

La Jup  (Juventud Uruguayas de Pie) fue creada junto con el semanario Tiempo por orden de la embajada norteamericana para oponerse a los avances que el pueblo uruguayo en su  conjunto ha ido forjando. para ello recolectó y gente como Daniel García Pintos, Hugo Manini Ríos hermano del senador y líder de CA,  y Wilson Craviotto.

Los civiles en Carmelo.

Para apoyar a los militares que luego se alzaría con el poder, los sectores más recalcitrantes de la derecha, armaron en Carmelo dos movimientos, uno  fue el Movimiento de reafirmación democrática, que actuaba como filial local de la JUP, y otro de padres de estudiantes, que fue el  Movimiento  de padres demócratas.

Así nació en 1971 el MODEPADE (Movimiento de Padres Demócratas) en agosto de 1971. 

Ante hechos que demuestran la clara violación de nuetra forma de vida democrática, por parte de quienes quieren o pretenden reemplazarla por otras, haciendo para ello de procedimientos desleales, reñidos ocn nuestro sistema de vida liberal,los padres demócratas considerando que estos hechos ya han invadido el ambiente de la enseñanza con las características antes apuntadas, han decidido agruparse en el Movimiento de Padres Demócratas. Este grupo de derecha, ideológicamente cercano al pensamiento militar que luego usurpó el poder no tenía empacho en anunciar que se declaran “defensores del régimen republicano democrático” que se declaraba “independiente, sin ataduras políticas ni sociales”.

Así lo publicaba el periódico El Municipio de la época.

Este grupo lo conformaron carmelitanos renombrados como Pedro Narbaiz, Edmundo Roselli, Juan Carlos Poletti y su esposa Alicia Carro de Poletti y algunos otros que luego fueron señalados como activos militantes en apoyo de la dictadura

Por su parte el Movimiento de Reafirmación Democrática en Carmelo estaba formado por “todo ciudadano que sienta inquietud por la suerte de nuestra libertad y nuestro régimen republicano democrático, hoy en peligro, es ya, de hecho con pleno derecho un integrante de este movimiento” señala un comunicado en El municipio de agosto de 1971.

Este movimiento se inauguró formalmente el 19 de septiembre de 1971 con un gran acto público de reafirmación democrática que será la inauguración del movimiento en esta zona del departamento.

El comunicado lo firman connotados vecinos como el militar Humberto Mendívil, Gandur Osta, María Angélica Valente, Javier Alsina, María Rosa Cippollini, Carlos Pochellú, Dinorh Sartori, Olga Roselli y Dante Irurtia.

Así, se convocó para una concentración pública en Plaza Artigas el sábado 21 de agosto de 1971 “para luego partir en caravana de automóviles hacia Nueva Palmira en adhesión al gran acto de reafirmación democrática que allí se realizará” se señala en la prensa local.

Al acto inaugural vinieron el Dr. Alberto Gallinal y el Dr. Eduardo J. Corso.

El municipio, órgano de prensa de la época, señaló la participación ciudadana en unos cien tractores y unos doscientos cincuenta vehículos.

Algunos, cuando vieron al régimen miltar en acción y el recorte de libertades, así como la represión, carcel y tortura de muchísimos vecinos, se alejaron rapidamente y se mantuvieron al margen. Otros, como el caso de Dante Irurtia, siguió apoyando la dictadura y luego sería parte de ella como Concejero de Estado , hasta la finalización misma de la dictadura en 1985.

Lo cierto es que más de ciento sesenta carmelitanos fueron encarcelados en aquella época, cientos fueron reprimidos y otros tantos fueron echados de sus trabajos o tuvieron que irse del pueblo para evitar la delación de quienes apoyaban el régimen.

La historia local, todavía no los ha puesto en el lugar que corresponde.

FIN.

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