Periodismo y dependencia

Los periodistas que tiene en sus programas avisos permanentes de la intendencia, prolongados en el tiempo, reciben en realidad un sueldo encubierto de la comuna.

Si necesitan ese dinero para sobrevivir, la pauta publicitaria los condiciona. Si no lo necesitan, son funcionales a la política de la intendencia y desvían sus opiniones en favor de quienes pautan el aviso. En ambos casos el que pierde es el público.

Esa es y ha sido mi opinión a través de los años sobre el vínculo que establece la pauta publicitaria permanente de la intendencia con los periodistas del departamento, y que se agravó en los últimos años con una política fuertemente intervencionista por parte de la intendencia en los medios de comunicación.

Ni hablar, si además los periodistas reciben vales de combustible y otras prebendas que las intendencias acostumbran a realizar para tener voces genuflexas en los medios de comunicación.

Me consta que esta postura provocó la reacción inmediata de algunos colegas que se sintieron aludidos, pero es mi opinión firme y sincera sobre algo que ocurre en el ejercicio cotidiano del periodismo departamental y que hace que los periodistas terminen siendo cuasi empleados municipales.

No lamento al que le caiga el sayo, porque a lo largo de los años he podido ver colegas que hacen de colegas y en realidad son empleados de las intendencias y entonces como colegas disfrazados, engañan todos los días al público que los escucha, los lee o los mira por televisión.

Aquí, la prisión de Zimmer puso en evidencia el periodismo alineado y la crisis del periodismo departamental por dos motivos: primero porque se despliega una serie de eufemismos para decir que el departamento de Colonia tiene un intendente tras las rejas. De ellas “privado de su libertad ambulatoria”, o “momentáneamente detenido” son las más graciosas que he escuchado.

Son los que promueven la marcha en caravana cuando la justicia determine el fin de la prisión preventiva, señalando la “injusticia” de la prisión del intendente, con la misma vehemencia que aplauden la prisión preventiva de un ladrón de gallinas o señalan con el dedo a un menor infractor.

En segundo lugar porque por estas horas algo peor: ya ni siquiera le preguntan a los entrevistados políticos por su opinión sobre la política municipal para evitar que alguien mencione a Zimmer, sino que directamente censuran la opinión del entrevistado cuando éste pretende hablar políticamente sobre lo que pasa en la intendencia , violando sin prurito alguno el más básico derecho del entrevistado a la libertad de expresión.

En 1983, la UNESCO aprueba el Código Internacional de Ética Periodística, estableciendo que el ejercicio de la libertad de prensa e información “…estará tanto mejor salvaguardado si, con un esfuerzo serio de voluntad, el personal de prensa y de la información, cualquiera que sea el modo de expresión del que se sirva, no deja nunca que se debilite el sentimiento de la propia responsabilidad y se percata, cada vez más profundamente, de la obligación moral que le incumbe de ser sincero y de aspirar a la verdad en la exposición, la explicación y la interpretación de los hechos”.

Es lo menos que podemos hacer por el público al que informamos diariamente.

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