Fragmentos de verdad que salen a la luz

Exclusivo: después de cinco años EL ECO publica el testimonio de un ex militar que vivió en Carmelo y contó donde hay enterrados restos de compatriotas asesinados por la dictadura.

margarita

Gabriel Monteagudo.

Unos seis o siete cuerpos de compatriotas asesinados por la dictadura, se encuentran profundamente enterrados en los pilotes de un viejo polvorín del Batallón 13, construido cuando volvió la democracia. Allí donde ahora se sospecha podrían estar también los restos de la nuera del poeta Juan Gelman, y en una porción de terreno bajo cercano a la Gruta de Lourdes.

Estos restos forman parte de la operación zanahoria que terminada la dictadura, pretendió remover los cadáveres de los asesinados por los militares para borrar todo rastro de su herejía tras doce años de permanencia prepotente en el poder. Para que nunca fueran encontrados, estos restos se llevaron a lo más profundo de los cimientos de este polvorín donde todavía se encuentran y aguardan ser rescatados para contar su verdad.

Desde 2008 EL ECO cuenta con el testimonio exclusivo de un ex militar carmelitano que participó de las operaciones de remoción de tierra en la zona y sus declaraciones hoy forman parte de los indicios documentales que posee el antropólogo José López Mazz para los trabajos que comenzó a realizar en el Batallón 13 la semana pasada.

La historia.

En 2008 un ex militar retirado pero que se mantenía en contacto con muchos de sus ex compañeros de armas se comunicó con este cronista “te voy a contar la información que tengo sobre los compatriotas asesinados por los malos milicos” me dijo. En su casa tenía un escrito preparado que me entregó y el relato de cómo llegó a ser integrante del ejército como maquinista de maquinaria pesada “un vecino militar, que vivía en mi mismo barrio me preguntó si quería trabajar manejando maquinaria para el ejercito, y ahí entré” contó. La historia de su vida y lo que vio me la entregó en un documento escrito que aún conservo.

¿Por qué contamos este relato cinco años después? Por dos motivos: uno es que el ex militar ya no vive en Carmelo y en segundo lugar porque esperamos todos estos años para que la prueba no se fuera a destruir antes que ingresara al Batallón 13 el único equipo capaz de preservar y sacar la verdad a luz, que es el equipo del antropólogo José López Mazz.

Fue a López Mazz a quién contacté rápidamente cuando tuve esta información. Sin difusión en la prensa y en una vieja camioneta blanca destartalada, José López Mazz llegó a mi casa un par de semanas después: le entregué el material que tenía, le conté como venía la mano y lo llevé a conversar con este testigo directo de la remoción de cadáveres durante la Operación Zanahoria. Desde entonces, López Mazz ha guardado este material que hoy conforma parte de la evidencia que tiene para trabajar en el Batallón 13 donde pudo ingresar la semana pasada. Ahora entonces, podemos contar esta historia que en EL ECO nos guardamos durante cinco años y que es un humilde aporte para el descubrimiento de la verdad.

La carta.

El texto que me entregó en mano propia tiene un título sugerente: La Dictadura, los políticos, la necesidad de los pueblos. Pero siempre Soldado!!.

Este hombre que supo vivir como vecino en Carmelo durante más de quince años, fue operario de maquinaria para el ejército y pudo tener contacto directo con los enterramientos de compatriotas que ocurrían cuando el régimen militar disparaba e intentaba tapar los crímenes que habían cometido “en el barrio …… a diario llegaba un militar que era vecino de la carpintería y era custodiado hasta que entraba a su casa, horas más tarde este militar vestido de civil era un vecino más y más de un broma le gastamos en referencia a la dictadura, se aguantaba piola. Así fue que un día viendo la necesidad mía de salir adelante y progresar me ofreció ingresar a las Fuerzas Armadas. Recuerdo que le dije ¿Cuánto pagan?. Días más tarde me trae una tabla de salarios y me dijo hasta aquí podes elegir y de aquí en a delante si te adaptas podes llegar por mérito propio. Así fue que aquella tablita de números me llevaría a integrar la institución de las Fuerzas Armadas, lugar donde los oficios se llevan adelante en todas las áreas, construcción de escuelas, rutas y caminos puentes, permitiendo la recorrida por todo el país con la diferencia que mi oficio lo tenía adquirido antes de ingresar” cuenta.

Asume Sanguinetti

Con la asunción de Julio María Sanguinetti “los cuarteles empezaron a cambiar, hasta que llega la orden de tirar los vestigios de la dictadura, entre ellos tuve la oportunidad de ir a tirar el inmenso mástil del Cerro de la Fortaleza de Montevideo, algo que no se podía creer que se hiciera donde había flameado la querida bandera uruguaya, pero detrás de aquel mástil estaban presente los egos del poder, la caída del mástil era un símbolo de poder de unos idiotas.

En los diarios de aquellos días aparecían fotos que señalaban el Batallón de Infantería No. 13 como punto de haber enterrado uruguayos, recuerdo una foto que publicaba La República que desde un tanque de agua de los trenes en Peñarol habían apuntado con lentes largo alcance a la máquina que trabajaba en las excavaciones, se trataba del Plan Zanahoria, donde parte de los vestigios debían desaparecer, pero con la diferencia que estos eran hermanos uruguayos que habían sido enterrados en el batallón Infantería Blindados Nº13, hermanos que con errores o aciertos, no tuvieron la oportunidad de la justa defensa. Lo mismo ocurría con otra máquina que se encontraba en el Batallón Infantería y Paracaidistas Nº 14 en Toledo.

Los operadores de aquellas máquinas eran los mismos que compartíamos guardias juntos o un trago de caña. Un día me tocó ir a llevar combustible para abastecimiento a estas maquinas por lo general primero iba al 13 y más tarde por ser más lejos a Toledo, donde hacía propicio un asadito, entre aquellos movimientos de tierra que se hacían.

¿Salen zanahorias?

En un día que voy al Batallón 13, me entregan de mi unidad una máquina fotográfica, para tomar fotos de los trabajos, ya que se llevaba una historia de los trabajos que se realizaban. Llegué a la máquina bulldozer conducido por el Cbo 2º Silva “Cabeza”, entre la conversación que manteníamos le preguntó ¿y…salen las zanahorias? Y me dice “allá adelante apareció hoy otro”. El barro existente solo mostraba unos restos de tanque de 200 litros. Tomé fotografías varias de la zona en que la máquina trabajaba, zona muy próxima a la cañada de la gruta de Lourdes. En la conversación me dice “estimo que van como seis que ya fueron descubiertos”. Pero los supuestos restos humanos no eran tocados por el maquinista, el trabajo de recopilar los restos se hacía a posterior por oficiales que respondía al Jefe del Batallón de Infantería 13.

A los pilotes

Según el testimonio, durante el gobierno de Sanguinetti los trabajos se continuaron y se sumó al bulldozer una retro excavadora Cat.325 operada por el civil Sgto 1º J. Noble “El Gorila” en aquella rutina de mover tierra se había comenzado la construcción de un polvorín, en el batallón infantería 13, en uno de los tantos días que estaba con “el gorila” le pregunto porque están excavando a tanta profundidad, “para hacer los espaldones del polvorín” me dice “van a ir los pilotes en cada esquina” le dique es eso es un bolazo para semejantes pozos grandes y “el gorila” me dice “tan grandes para que nunca más se vean, date cuenta con que mierda los van a encontrar ahí: ja, ja”. Le digo es que las zanahorias las meten ahí y me dice “sí fueron varias bolsas en la profundidad de los cimientos”. Me dice que calcula que eran seis o siete “y puso cara triste porque al fin era seres humanos”. Aquí se cerraba una parte de la excavación, el trabajo de remoción de los restos lo hacían a posterior y debían tener un lugar donde nunca más fuesen encontrados. El polvorín hecho en aquellos días, allí, están los hermanos uruguayos, cuántos son solo lo saben los que hicieron el trabajo sucio de recolectar los restos, cuenta el testigo a EL ECO.

En tanto, en el batallón de Infantería 14 continuaban los trabajos de remoción, muy poca era la información que surgía de ahí, controlaban las conversaciones y todo movimiento que se hacía, solo se supo que aparecieron restos humanos, pero que mezclados y quemados en los hornos de ladrillo, nada quedaría. Era una zona de donde efectuaron explotaciones de canteras y los movimientos de tierras eran muy importantes con una logística de camiones muy grande. Los años pasaban las máquinas terminaron los trabajos y se continuaba con otras tareas, pero continuábamos compartiendo el compañerismo de trabajo. Alguna broma nos gastábamos como por ejemplo mirá que vos fuiste a la quinta a remover zanahorias.

Nuestro testigo es hoy un militar retirado que mantiene serios cuestionamientos a los acuerdos realizados entre políticos y militares y que asegura que aún hoy los militares “no tienen garantías” para hablar y contar lo que pasó en aquellos años y que existen pactos entre políticos y militares que impiden conocer toda la verdad.

Este testimonio que hoy publica EL ECO y que contiene más documentación sobre el pasado reciente, está en manos de los antropólogos que hoy buscan restos de compatriotas en el Batallón 13 y durante estos años, ha sido nuestro pequeño aporte al conocimiento de la verdad.

Publicado en EL ECO el 02/10/2013

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