Lo que importa son los alcaldes.

G.M

El edificio de la calle General Flores donde se levanta el corazón del gobierno departamental, parece cada vez más lejano. De la misma forma que ya nadie habla de los candidatos a ediles departamentales, cada vez se habla menos del intendente.

Si no fuera por el escándalo de los audios, ya casi nadie hablaría de Carlos Moreira, como nadie habla hoy, del intendente interino actual. Esto no se ve en Montevideo, pero se percibe claramente en los pueblos del interior.

Lo que importa son los municipios, lo que importa son los alcaldes. Se nota en la calle, hablando con la gente, allí en rueda de vecinos uno se da cuenta  que la lucha por el municipio es lo que concita la atención popular. 

Sobre quién será el próximo alcalde del pueblo, es de lo que se habla en cada pueblo.

Es que en el fondo, la población percibe que el alcalde es el que puede atenderlo y resolver sus problemas. Es el que puede arreglar de una vez el tránsito, porque anda todos los días en la cuadra donde a esa hora  se producen los nudos de vehículos; el que conoce para que lado corre el agua de lluvia en la cuadra tal;  o al que le pueden pedir sin mucho trámite burocrático una máquina o un bacheo, o mejorar las pequeñas cosas del barrio.

Desde la alcaldesa recorriendo los barrios con su motito, hasta el candidato  Juan José “El turco” Miguelena destapando el desagüe en una esquina para ver el problema del que le hablan los vecinos.

El alcalde es el que está ahí, a golpe de teléfono, o al que podemos parar para consultarlo o hablarle, mientras esperamos el turno en el almacén. El alcalde está ahí al alcance de la mano, lo conocemos, sabemos cómo es su familia, su historia, de dónde viene, conocemos también  los puntos que calza.

Si no fuera porque se trata de viejos caminantes de la política coloniense, pocos sabrían quienes son Carlos Moreira o Jorge Mota, los dos con más chance de disputar el sillón de la intendencia de Colonia el próximo domingo.

Aún no tenemos una idea clara de la revolución que significa la Ley 19.272 de Descentralización y Participación Ciudadana  en los pueblos donde se crearon los municipios, pero está claro que si bien todavía mantiene atada la descentralización económica, permitió que la descentralización política  la hiciera el ciudadano con su participación activa en la campaña.

Nunca un nombre de una ley estuvo tan bien puesto.

Es increíble, pero los comités políticos de todos los candidatos se puede ver hoy que están llenos de gente. Gente  militando “por Marina”, “Pacucho”,  “por Luis Pablo”, “por el Filo”, “el turco”,  “Alejandro”, “el washi”,  o “marcelo”, tal es el grado de cercanía que siente la gente con sus candidatos.

Mientras que un diminutivo como “Carlitos” sólo es usado por unos pocos que hacen gala de la cercanía extrema con el ex intendente, los nombres de pila o los apodos de los alcaldes, se usan con la familiaridad del vecino que habla con otro vecino. 

Ese sentimiento sobre la tarea del alcalde fue rápidamente comprendida por la población, que se apropió de la ley, y que  seguramente seguirá avanzando en la búsqueda de la ampliación de funciones para los alcaldes, y con ello, de mayor poder para los ciudadanos.

Solo basta ver los programas de gobierno que muestran los candidatos a alcalde, para darse cuenta que sus expectativas de gobierno van más allá de cuidar el alumbrado, el inexistente barrido o las calles. Hoy las expectativas de los gobiernos locales  son muchas más y responden a los reclamos de los vecinos. Para atenderlas,  van a necesitar más recursos financieros, recursos en dinero constante que van a tener que ceder las intendencias. 

Y con ello, ceder más poder en beneficio de los gobiernos locales.

Es lo que falta, porque el poder político ya se lo dio la gente a los alcaldes, “y nos van a tener que dar los recursos que precisamos” se dio vuelta y  le  dijo el candidato Miguelena a los candidatos a intendente de su partido.

La frase resume mejor que nada lo que la gente espera de los alcaldes en los próximos tiempos, mientras mira como se llevan  las hormigas, parafraseando a Gabo, el cuerpo de los intendentes.

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