Sobre campañas, caviar y guisos

Gabriel Monteagudo.

Elecciones-Si el próximo domingo se da lo que dicen las encuestas, los colonienses habremos decidido continuar teniendo por cinco años más, un gobierno blanco en el departamento.

Más de lo mismo no es malo ni bueno en si mismo, sino un dato de la realidad.

Así como en lo nacional se dice que el Frente Amplio hizo las cosas bien y por eso el pueblo le renovó su confianza, será justo decir que en Colonia los blancos han hecho buenos gobiernos y por eso aquí también, el pueblo les renueva la confianza.

Será también una demostración de que la izquierda coloniense no llegó todavía al verdadero corazón del pueblo en este territorio y por lo tanto, deberá esforzarse más para que ese proceso acumulativo que viene realizando desde 1971 logre el fruto en las urnas también en este departamento.

En el medio, después del domingo podrán hacerse mil análisis.

Que los gobiernos de Moreira antes y de Zimmer ahora tuvieron importantes procesos de corrupción que terminaron en la justicia, que hubo gente presa, que existe un engranaje nacionalista que ha generado una histórica dependencia del aparato municipal y que ese aparato, llegada la elección, termina reclamando y consiguiendo el voto del ciudadano al que le hizo el favor.

Podrá decirse que en el ejercicio del poder durante tantos años, se ha formado “una comunidad de intereses fraudulentos” como bien citó una amiga, afirmación que suscribo porque no es abarcativa de todo el gobierno ni de todos los jerarcas blancos, sino una definición tras la observación de un grupúsculo que ha logrado utilizar la política para beneficio propio.

Podrá decirse, y es también una realidad, que pasamos cuatro años saltando entre los pozos y que en un par de semanas antes de la elección apareció el asfalto, el bitumen y la maquinaria.

Podrá decirse que sus dirigentes se pasan peleando, que Zimmer es igual que Moreira y que Moreira quiere ser intendente para acomodar a su barra de amigos.

Podrán decirse miles de cosas, pero hay una que sin duda será irrebatible: los blancos ganan desde hace sesenta años de forma ininterrumpida en Colonia porque el pueblo los vota.

Y por lo tanto, en un trazo grueso pero evidente, ese pueblo que es mayoría, está conforme con el estilo y con la gestión de gobierno.

Por el otro lado, la oposición no pudo hacer las cosas mejor y hay muy poco que reprocharle en el trayecto de la campaña hasta acá. Ha mostrado los mejores hombres que ha logrado conseguir,  y las mejores ideas que estampó en propuestas para la gente a lo largo de la campaña.

Si el domingo el Frente Amplio gana, estaremos ante un pueblo que quiere probar hacer las cosas diferentes y con otra gente. Si pierde, los frenteamplistas deberán saludar al ganador y proponerse trabajar intensamente los próximos cuatro años para llegar realmente al corazón esquivo del pueblo coloniense.

La diferencia ideológica entre derecha e izquierda, entre dos visiones diferentes de la sociedad, ha quedado claramente expuesta en este departamento a lo largo de estos meses, y seguramente se acentuará en los próximos años. La ideología, claramente definida, será el impulso o el freno de las corrientes de pensamiento que alinearán las ideas y decisiones del futuro cercano en nuestro territorio. Veremos ideología pura en el próximo intendente y en la decisiones que tome cada alcalde electo.

Desde estas líneas aplaudo calurosamente a los militantes de todos los partidos que desde hace un año y medio que comenzó el proceso electoral, se vienen quemando las pestañas, dejando tiempo con la familia y esforzándose detrás del sueño de un departamento mejor, sin esperar nada a cambio.

Aplaudo a los que han logrado sobrevivir a las redes sociales manteniendo siempre una actitud de discusión sin levantar la voz, sin escribir en mayúsculas, exponiendo y contraponiendo sus ideas políticas, con respeto por la opinión del otro.

Repudio desde lo más profundo de mi corazón a los que han utilizado los espacios públicos solo para insultar, a aquellos que trabajan en política para conseguir un cargo, para acomodar su situación familiar, para reclamar un puestito, o venderse al mejor postor.

Repudio a los ciudadanos que se aprovechan de la política, repudio a los que dicen “yo soy apolítico” o afirman “la política es sucia, yo no me meto” porque son los peores, unos hipócritas que en realidad tienen miedo o especulan a la hora de exponer sus opiniones, y repudio aún más a los presuntos colegas que usan su lugar de privilegio en los medios de comunicación para acceder a puestos de poder en el gobierno de turno.

Junto con muchos colegas a lo largo del país, soy de los que prefiere no ser invitado a los lugares que sirven caviar, pero me siento orgulloso de ser bien recibido y poder sentarme en cualquier mesa a compartir un guiso.

Como periodista, gane quien gane trataré de seguir siendo implacable y exigirme mayor rigurosidad a la hora de informar desde los medios que me brindan su espacio, y lo más claro posible al exponer las fallas del poder de turno.

Sobre todo cuando esas fallas, terminan perjudicando a los más humildes, a los perdedores de siempre, esos que nunca ganan luego de una elección.

FIN

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