El dato contra la impunidad que se coló en el juzgado de Carmelo

condor

Gabriel Monteagudo

Terminaba el año y se tramitaban las últimas causas del año 2017 en el juzgado de Carmelo. Había sido convocado a declarar el prefecto que estuvo en Carmelo entre 1978 y 1980, en el marco de la causa en la que dos palmirenses en aquella época, fueron secuestrados dos veces por militares uruguayos y argentinos, encapuchados y llevados a islotes del Delta.

La primera vez fueron rescatados por un pescador argentino, luego los encontraron y se los llevaron nuevamente.

La denuncia de una de las mujeres en el juzgado de Carmelo en junio de 1980, ante la actuaria de aquel momento, blanqueó su situación y pudieron volver a tierra firme. La mujer llevaba la capucha y las esposas que le habían quedado al argentino cuando los rescató.

Era diciembre. El entonces prefecto Rubén Heber Martínez estaba citado a declarar porque él estaba a cargo de la prefectura de Carmelo en aquella época y no podía desconocer lo que pasaba en la costa bajo su jurisdicción. Su abogado defensor es el ex fiscal Enrique Moller, que entre otras cosas archivó la causa Gelman que investiga el paradero de los padres de la hoy diputada Macarena Gelman.

No pasó nada. Un extensísimo lago de amnesia cubría la memoria del ex marino cuando se lo consultaba sobre aquellos años, no recordó nada mientras tanto su abogado presentaba un escrito citando la prescriptibilidad de la causa que se investiga.

Este expediente, en realidad tiene un expediente anterior acordonado y produjo un efecto posterior que podría tener efectos en la apelación que en abril se realizará en Roma por la causa por la que se intenta juzgar a 31 militares de la región por su participación en el Plan Cóndor.

El expediente anterior investiga la aparición de un cuerpo en la zona de Punta Gorda, a cinco kilómetros de Nueva Palmira, durante 1980 y que podría ser una víctima de la dictadura. El cuerpo se encuentra en el cementerio y generó un expediente que cuenta con muy poco avance.

A partir de allí se acordonó la denuncia que el año pasado presentaron los dos palmirenses, pescadores y contrabandistas que en aquella época cruzaban habitualmente el Río Uruguay, desde Punta Gorda a los islotes argentinos a pocos kilómetros. Allí, donde gran parte de los habitantes de esta región conseguían alimentos y elementos de limpieza a mitad de precio favorecidos por el cambio, era habitual el contrabando. En aquella época en cualquier casa de la zona se encendían los primus o las cocinas a querosén con fósforos tres patitos y se cocinaba con aceite Cocinero.

En esta causa fue llamado como testigo Rubi “Ruda” Veliz, ex integrante de Prefectura que declaró en varias causas de Derechos Humanso señalando el lugar exacto donde el vio que se realizaba el intercambio de prisioneros, encapuchados y atados que se traían de Argentina y otros, encapucahdos y atados, que las Fuerzas Conjuntas entregaban a sus pares de la vecina orilla.

Allí, donde debería colocarse una estrella de la memoria, hoy es la playa privada de un country y fondeadero de embarcaciones de ricachones argentinos.

Veliz venía contando su historia, la que ya conocemos, como fue testigo del intercambio de prisioneros detenidos-desaparecidos por la coordinación represiva de militares de la dictadura cívico-militar de Argentina y Uruguay. Allí, frente al juez José Vera, Véliz relató que en aquella época supo de la llegada del represor Jorge Tróccoli, a quién reconoció en el reciente juicio que se realizó en Roma.

En ese momento, el juez Vera paró la audiencia y señaló un detalle por el cual puso a disposición de sus superiores su participación en la audiencia: su esposa Soledad Dossetti García, tenía siete meses cuando sus padres fueron secuestrados en Buenos Aires por militares uruguayos entre los que se encontraba Jorge Tróccoli. Soledad fue rescatada por el portero y luego de un largo periplo fue recuperada por su abuela materna según se puede leer en la documentación que tiene on line el Observatorio Luz Ibarburu.

En el procedimiento estaba Jorge Trócoli, según contó a EL ECO el abogado de la causa, L De Césare “ahora veremos como sigue esta instancia, aunque seguramente todo pasará a la Fiscalía Especializada en Crimenes de Lesa Humanidad que dirige el fiscal Ricardo Perciballe.

Véliz está seguro que Tróccoli participaba directamente en el intercambio de prisioneros en las islas del Delta. Su dato podría ser clave para la apelación del próximo mes de abril.

El Juicio en Roma.

Allí fueron juzgados 35 militares del Cono sur, de los cuales 13 eran uruguayos. Solo el ex canciller de la dictadura Juan Carlos Blanco resultó condenado.

Los uruguayos Gregorio Álvarez, Jorge Tróccolli, Ricardo Arab, José Gavazzo, Juan Carlos Larcebeau, Pedro Narbondo, Luis Maurente, Ricardo Medina, Ernesto Ramas, José Sande, Jorge Silveira, Ernesto Soca y Gilberto Vázquez estaban acusados en este juicio.

La Operación Cóndor fue un plan ideado por el general Pinochet que orquestó la represión de la oposición política en las décadas de 1970 y 1980 por parte, sobre todo, de los regímenes dictatoriales de Chile, Argentina, Brasil, Paraguay, Uruguay y Bolivia

La historia de Soledad

A raíz de la información que obtuvimos esta semana sobre el vínculo personal que afectaba al juez letrado de Carmelo José Vera con la causa Tróccoli, pudimos recomponer la historia que lo hizo excusar en esta causa.

Su denuncia se puede ver en http://www.observatorioluzibarburu.org/media/uploads/2-2041520007.PDF

En Argentina, Edmundo Dosetti Techeira y Eleana Sara María García Ramos, primero vivieron en un apartamento en Capital Federal y luego de la desaparición de José Hugo Méndez (junio 76) se mudaron a El Palomar, donde en 1977 nació la hija de ambos, Soledad. Luego de la desaparición del matrimonio Michelena-De Gouveia, amigos personales y compañeros de militancia se mudaron nuevamente al barrio Vicente López, en la Provincia de Buenos Aires.

En Argentina ‘el Flaco José’ trabajaba en contabilidad del Laboratorio FLAVORS en Martínez y de Perito Mercantil para diferentes empresas, e Ileana culminó sus estudios de profesorado de inglés.

El 21 de diciembre de 1977 fueron secuestrados de su apartamento (ubicado en la calle Lavalle esquina Maipú) por personas vestidas de civil. En esa oportunidad también fue secuestrado el uruguayo Alfredo Bosco, actualmente desaparecido. En estas circunstancias la hija del matrimonio fue entregada al portero del edificio testigo y denunciante del secuestro-, luego enviada a una Casa Cuna y recién el febrero entregada a su abuela materna.

Según testimonió una sobreviviente, Edmundo y Eleana fueron vistos por última vez en el centro clandestino de detención conocido como ‘Pozo de Banfield’.
Datos extraídos de A todos ellos. Informe de Madres y Familiares de Uruguayos Detenidos Desaparecidos , Madres y Familiares de Detenidos y Desaparecidos, Montevideo, 2004.

Su testimonio en Roma

Soledad Dossetti tenía siete meses cuando un grupo de hombres entró al apartamento en el que vivía con sus padres, Edmundo Sabino Dossetti e Ileana García Ramos de Dossetti, y los separaron. Ahora es una mujer de 38 años que se constituyó parte civil en el juicio y relató hechos que le fueron contados por sus abuelos acerca del secuestro, y otros que descubrió en su camino de búsqueda. “Mis padres fueron secuestrados a las 23.00 del 21 de diciembre; mi padre acababa de cumplir 25 años y mi madre 23. Por el testimonio del portero del edificio, personas vestidas de particular con armas largas le exigieron que los acompañara al piso 12 y lo obligaron a anunciarse a la puerta para que mis padres le abrieran. En casa estaba también Alfredo Fernando Bosco, compañero de la universidad que había viajado a Buenos Aires para refugiarse. Él también sigue desaparecido. Según el relato del portero, mi madre se resistía a entregarme, y por eso fue muy golpeada. Me dejaron al portero, que después me entregó al personal policial de la comisaría. Mis abuelos se enteraron a raíz de una carta que escribió un vecino y los primeros días de enero viajaron a Buenos Aires. Me habían entregado a una familia. Mi abuela tardó 15 días en recuperarme y me encontró en un estado de salud muy deteriorado y con un problema de dislocación de la cadera por el cual tuve que tratarme en los siguientes 25 años”.
Edmundo e Ileana Dossetti reaparecieron años después, en una carta escrita por Adriana Chamorro y su esposo Eduardo Corro, argentinos sobrevivientes del pozo de Banfield, que compartieron celdas con el matrimonio Dossetti. Según contó la pareja, en Banfield argentinos y uruguayos eran separados. Cuando Chamorro y su esposo fueron detenidos, las celdas del primer piso ya estaban repletas, así que les tocó compartir calabozos en el segundo piso con los uruguayos: “Chamorro estuvo en la celda con mi madre -dice Dossetti- y se enteró de que todo el grupo había sido detenido en diciembre de 1977. Nos resaltó que los uruguayos, cada vez que volvían de un interrogatorio, decían que las personas que los interrogaban eran uruguayas, y eso les llamaba la atención. En mayo se comunicó a los uruguayos que iban a ser trasladados a una cárcel legal en el sur del país. Salieron todos excepto mi madre, que estuvo allí hasta finales de junio”.
Soledad Dossetti relató también que supo, años después, de Ramón Camps, jefe de la Policía de la provincia de Buenos Aires, quien tuvo un rol de primera línea en la represión en Argentina; el Centro de Operaciones Tácticas Nº 1 Martínez, el Pozo de Banfield y el Pozo de Quilmes son conocidos como Circuito Camps. La conexión surgió por una prima de su madre que vivía en Buenos Aires y que la hospedó varias veces durante las vacaciones de su infancia: “Sé que parece increíble, pero esa pariente estaba casada con Jorge Alberto Torres, que era un gran amigo de Camps. […] Cuando tenía 13 años esa prima me contó que Camps le había dicho que le daba pena que siguiéramos con la esperanza de encontrar a mis padres, y que él sabía que habían muerto en un traslado entre Argentina y Uruguay”. El nombre de Néstor Tróccoli surgió sobre el final de la declaración de Dossetti, cuando la jueza preguntó si en Uruguay había condenados por estos hechos y el abogado Fabio María Galiani, defensor de Dossetti y del Estado uruguayo, relató las condenas a Gregorio Álvarez y Juan Lacerbeau y la fuga en Italia de Tróccoli para escaparse de la Justicia.
Dossetti señaló a la diaria su satisfacción por declarar en el juicio en Roma. También agregó detalles sobre lo que le contó Adriana Chamorro, la última en ver a sus padres vivos: “Mis padres y los uruguayos que estaban en Banfield no creían que su destino final fuera la muerte. Estaban convencidos de que iban a terminar en una cárcel. Para nosotros fue muy importante saber eso y pensar que no vivieron sus últimos meses con angustia. Chamorro me contó que jugaban ajedrez entre una celda y otra con golpecitos en la pared, que cantaban canciones de Daniel Viglietti, que el día de mi primer cumpleaños, ante el desánimo de mi madre, que pensaba en mí, los otros les enviaron muñequitos hechos con migas de pan y entonaron ‘que lo cumplas feliz’”.

Fuente: https://ladiaria.com.uy/articulo/2015/12/migas-de-pan/

Las historias vuelven, una y otra vez. Reaparecen, se entrecruzan y nos sorprenden, como le pasó al magistrado Vera, actuando en un juzgado aparentemente lejos de los temas familiares, del pasado que es presente y del futuro que anhela un merecido acto de justicia.

La verdad, siempre cubierta de impunidad en Uruguay, se cuela por los recovecos más impensados. Incluso por los recovecos de los juzgados menos pensados.

FIN

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