La Junta Departamental ya no es lo que fue.

gm

En los últimos años, la Junta Departamental de Colonia ha perdido el protagonismo que tuvo históricamente. De grandes discurso políticos desde los cuales se defendían las ideas que abrazaba cada partido, pasamos a la actualidad donde las intrigas palaciegas y la obsecuencia con el poder son el alimento de quienes solo aspiran a que llegue fin de mes para cobrar sus viáticos.

De la discusión de ideas se pasó al cuchicheo acomodaticio y del enfrentamiento verbal a la denuncia en el juzgado. De ser caja de resonancia de los problemas de los vecinos pasó, rápidamente en los últimos años,  a ser caja de resonancia de las miserias sectoriales y partidarias.

Pero esto no pasó porque sí.

Resulta que soy el periodista más viejo que cubre la junta departamental.  Norberto Costabel me dejó ese lugar en el que supimos mirarnos con recelo primero, y respetarnos después con el transcurso de los años.

Allá por el 85 me tocó ser  el gurí insolente que llegaba a disputarle la cancha al veterano que cubría parlamento departamental desde antes de la dictadura. 

Así que puedo decir con fundamento, algunas cosas de la Junta Departamental de Colonia.

En los hechos, el legislativo departamental desapareció a partir de que los ediles decidieron eliminar el cargo administrativo de Secretario General e instalar una Secretaría política.

Gran error que pone a los funcionarios administrativos dependiendo de un cargo político, nada menos que del partido mayoritario, y al legislativo como un brazo ejecutor del intendente. Hoy es un organismo que está desfigurado y funciona solo para satisfacer las necesidades administrativas del Ejecutivo.

Nada que ver con su cometido de legislación y menos de contralor.

El cambio.

El cambio a Secretaría política desmereció muchísimo y en forma acelerada, la discusión política y la calidad democrática de la junta Departamental.

Antiguamente, los funcionarios, al no depender del poder político, sólo de su carrera y de un funcionario administrativo superior, daban trámite a los asuntos entrados en orden, no tenían privilegios para ningún edil y cumplian con su labor según la reglamentación.

Ahora, al depender de un cargo político, de alguien además que fue Presidenta de la Junta, que integra el partido mayoritario, que es brazo derecho del intendente,  y que además les da las órdenes, manifiestan una natural inclinación a recostarse para el lado del patrón,  y por eso hay ediles que hoy por lo bajo, se quejan que los funcionarios mandan más que los ediles, dando directivas incluso dentro de las comisiones. Algo impensado hace pocos años atrás.

En el aspecto político, la discusión de ideas en Sala ya no existe, y todo se circunscribe a lo que acuerdan los partidos en la Comisión de Asuntos Internos, o lo que decide el Partido Nacional que se discuta. La Junta Departamental como caja de resonancia de ideas políticas y de inquietudes de la población, ha pasado a ser la caja de resonancia de la mayoría absoluta.

El gran cambio.

La pandemia les dio además una excusa perfecta para terminar con lo poco de discusión política que había en el recinto.

Con la anuencia de los integrantes del Frente Amplio que integran la Comisión de Asuntos Internos, se decidió que las sesiones sean secretas, exclusivas para ediles VIP,  y marginales.

Secretas porque se prohibió el ingreso de público, y además el ingreso de periodistas está acotado, exclusivas para ediles titulares porque no permiten ingresar a los suplentes y marginales porque son  violatorias de las leyes, ya que  la decisión que impide el normal funcionamiento de la Junta fue tomada por la Comisión de Asuntos Internos y no pasó por la votación del Cuerpo.

Ninguna comisión tiene potestad para cambiar el funcionamiento de la Junta Departamental si no cuenta con la aprobación de la mayoría en sesión del Cuerpo.

Pero además, lo de los ediles suplentes es escandaloso. El Artículo 5 de la Ley Orgánica Municipal dice claramenteEn los casos de muerte, incapacidad, renuncia aceptada, inhabilidad o cese de los titulares, los suplentes respectivos lo reemplazarán con carácter permanente. En los demás casos reemplazarán automáticamente a los titulares por ausencia o inasistencia de éstos, ocupando el cargo mientras dure dicha ausencia o inasistencia”.

Por si a algún alcalde se le ocurre seguir el mal ejemplo de impedir el ingresos, la norma también alcanza a los municipios.

Y es una ley, por lo tanto no la puede derogar una Comisión de Asuntos Internos de ninguna Junta Departamental.

Pero además, la limitación del tiempo hace que tampoco se pueda procesar la discusión política, o que la oposición no pueda plantear temas, o que se les corte el micrófono para evitar el uso de la palabra lo cual genera una situación de impotencia en la oposición.

Esta situación de pandemia, ha sido aprovechada por el Partido Nacional para apagar muchos de los escándalos políticos que tiene, y que han ocurrido en su interna, y de las críticas a la segunda gestión de Carlos Moreira, Y lo hacen a través del mecanismo de coartar los caminos de expresión de la oposición dentro del recinto. En una Junta Departamental casi silenciada y digitada, la libertad de expresión y la oposición de ideas se convierten en un bien escaso y con eso gana el oficialismo.

Las actas.

Las actas son el corazón del funcionamiento de la Junta Departamental. Hay tres taquígrafas que se van turnando para tomar nota de todo.

Se puede decir con propiedad entonces, que lo que no está en las actas, no ocurrió dentro de la Junta.

Además, todo queda grabado, por lo que ambos soportes se complementan mutuamente: si no está en taquigrafía, está en la cinta. Y si no está en ambas, no ocurrió dentro del recinto.

En materia de trabajo administrativo, los funcionarios de la Junta Departamental de Colonia tienen veteranía en su oficio y conocen al dedillo el funcionamiento del Cuerpo. Siempre hay al menos dos funcionarios dentro del recinto mientras se realiza la sesión, mirando quién entra, quién sale, quién pide la palabra y que dicen. Si algo ocurre, por más mínimo que sea, ellos alertan a la mesa.

La experiencia de este equipo es tal, que pueden llevar adelante una sesión en medio de una selva e igual no se perderían detalle de lo que dicen o hacen los ediles.

Si ellos no lo registran es porque en el recinto eso que dicen,  no ocurrió.

La despiadada.

Es sin dudas, la política más experiencia que tiene el Partido Nacional en Colonia después de Carlos Moreira. Lo que no tiene de apoyo popular lo tiene de conocimiento y experiencia dentro de la Junta Departamental y desde que es Secretaria General, ha asumido un poder casi absoluto y lo maneja a discreción sin tabúes ni limitaciones por cuestiones religiosas de raza o de género. Maneja con discrecionalidad y en consulta permanente con Moreira, hasta el más mínimo detalle de lo que ocurre en la Junta Departamental.

Además de dedicación total -percibe el mayor salario de la Junta Departamental- Claudia Maciel se ha especializado en conocer cada detalle administrativo y de la leguleyos que implica el funcionamiento del Cuerpo, pero también es una operadora política implacable.

Ha logrado que la oposición vote cosas increíbles, decide que temas se tratan, le hace señas a los ediles cuando hablar y cuándo mantenerse en silencio, con una mirada su bancada sabe si tiene que levantar la mano o no para votar, determina que es lo que va y que no en el Orden del Día,  y decide hasta que ediles integrarán una delegación para un viaje. Sabe absolutamente todo de la Junta y como operadora del intendente es una jugadora despiadada. Para lograr sus objetivos políticos es como Luis Suárez, si tiene que tirarse para simular un penal se tira de cabeza en la puerta del área.

Claudia Maciel convirtió la Junta Departamental en un medio para consolidar los objetivos políticos del Partido Nacional y todo lo que se oponga es barrido políticamente. La sumisión de los ediles de la oposición también da cuenta de ello, y por la dependencia que tienen de su cargo, todos bailan la música que ella ejecuta. 

Está bien mostrarse piadoso, fiel, humano, recto y religioso, y asimismo serlo efectivamente; pero se debe estar dispuesto a irse al otro extremo si ello fuera necesario, dice Nicolás  Maquiavelo en El Príncipe,  y sus palabras encajan para definir a Claudia Maciel como política “Es preciso, pues, que tenga una inteligencia capaz de adaptarse a todas las circunstancias, y que, como he dicho antes, no se aparte del bien mientras pueda, pero que, en caso de necesidad, no titubee en entrar en el mal ” (El Príncipe, capítulo XVIII).

FIN

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