
Argentina canceló el proyecto Atucha III, que iba a construirse con tecnología y financiamiento mayoritariamente chinos, y abrió el camino para instalar un reactor modular privado en el mismo complejo nuclear. Para Colonia no es una noticia lejana: documentación oficial uruguaya sitúa a Atucha a apenas 82 kilómetros del departamento.
Una decisión adoptada al otro lado del Río de la Plata vuelve a poner sobre la mesa un asunto que Uruguay —y particularmente Colonia— debería seguir con atención.
El gobierno argentino resolvió cancelar definitivamente el proyecto de construcción de Atucha III, la que iba a convertirse en la cuarta central nuclear del vecino país y que estaba proyectada con tecnología Hualong y financiamiento mayoritariamente chino.
Según informó este viernes el diario argentino Página/12, la decisión fue adoptada por la asamblea de accionistas de Nucleoeléctrica Argentina S.A. (NA-SA), que resolvió dejar sin efecto los proyectos Candu y Hualong argumentando falta de recursos económicos e imposibilidad material de cumplimiento.
Pero la noticia no termina allí.
En la misma reunión se declaró de “interés empresarial” una nueva iniciativa y se habilitó avanzar hacia una licitación pública para utilizar 12 hectáreas del predio originalmente reservado para Atucha III.
La inversión proyectada ronda los 1.203 millones de dólares, íntegramente de capital privado, para la eventual instalación de un reactor modular pequeño.
La cifra y las características señaladas coinciden, según la información publicada por Página/12, con el proyecto ACR-300 presentado por Meitner Energy, empresa de capital mayoritariamente estadounidense.
Atucha no está lejos de Colonia
Vista desde Uruguay, la discusión no debería reducirse al enfrentamiento geopolítico entre Estados Unidos y China ni a qué tecnología utilizará Argentina.
Hay un elemento mucho más cercano: la ubicación de Atucha.
Documentación oficial del Ministerio de Industria, Energía y Minería de Uruguay ha señalado que las centrales nucleares de Atucha se encuentran aproximadamente a 82 kilómetros de Colonia.
Es decir, hablamos de instalaciones nucleares situadas a una distancia relativamente corta del territorio uruguayo, con el Río de la Plata de por medio.
Por eso cualquier modificación importante en el complejo nuclear —la construcción de una nueva central, la sustitución de una tecnología por otra o la instalación de un reactor de características diferentes— también debería ser seguida con atención desde Uruguay.
No significa afirmar que exista actualmente una situación de riesgo ni cuestionar de antemano la seguridad de la tecnología propuesta.
Significa algo mucho más elemental: cuando se toman decisiones sobre instalaciones nucleares ubicadas a apenas decenas de kilómetros de nuestro territorio, Uruguay tiene un interés legítimo en conocerlas en profundidad.
Uruguay y Argentina ya tienen mecanismos de cooperación
Además, Uruguay no parte de cero.
Las autoridades regulatorias nucleares de Argentina y Uruguay mantienen un convenio de cooperación firmado en 2019, cuyo objetivo es precisamente fortalecer la seguridad radiológica y nuclear regional.
Ese acuerdo contempla intercambio de información técnica y documentación regulatoria, cooperación en materia de licenciamiento, evaluaciones de seguridad y preparación y respuesta frente a eventuales emergencias radiológicas y nucleares.
Por eso sería razonable que las autoridades uruguayas solicitaran formalmente información sobre el nuevo proyecto previsto para el complejo Atucha.
Entre otras cosas, sería importante conocer qué tecnología se pretende instalar, cuál será su potencia, qué evaluación ambiental y radiológica requerirá, cuáles serán sus sistemas de seguridad, qué organismo ejercerá el control regulatorio y qué escenarios de emergencia serán contemplados teniendo en cuenta la proximidad de Uruguay.
Uruguay tiene un plan de respuesta radiológica
Nuestro país cuenta además con un Plan Nacional de Respuesta ante Emergencias y Accidentes Radiológicos, que establece la coordinación de los organismos estatales ante una eventual emergencia y procura proteger a la población, los bienes y el medio ambiente.
Uruguay también adhirió a la Convención internacional sobre Pronta Notificación de Accidentes Nucleares.
No se trata, por lo tanto, de una preocupación hipotética inventada desde Colonia: el propio Estado uruguayo reconoce la necesidad de prepararse ante acontecimientos radiológicos y mantiene mecanismos de cooperación internacional precisamente porque los efectos de una emergencia nuclear no reconocen fronteras políticas.
Un cambio que también merece ser observado desde esta orilla
La cancelación de Atucha III representa además un importante giro en la política nuclear argentina.
El proyecto que se abandona estaba asociado a China. El que podría ocupar parte del mismo predio aparece vinculado a capitales estadounidenses.
Página/12 interpreta esta decisión dentro del alineamiento internacional del gobierno argentino con Estados Unidos y de la competencia estratégica que Washington mantiene con Beijing en sectores tecnológicos sensibles.
Esa discusión pertenece fundamentalmente a Argentina.
Pero existe otra discusión que sí nos pertenece.
¿Qué información tiene hoy Uruguay sobre el nuevo proyecto nuclear que podría instalarse a unos 82 kilómetros de Colonia?
¿La Autoridad Reguladora Nacional en Radioprotección uruguaya fue informada?
¿Se activaron los mecanismos de intercambio existentes con la Autoridad Regulatoria Nuclear argentina?
¿Uruguay solicitará conocer previamente las características técnicas, ambientales y de seguridad del proyecto?
Son preguntas que merecen una respuesta.
Porque el Río de la Plata establece una frontera entre dos países.
La radiación, en cambio, no conoce fronteras.